El jodido Adam Smith

 

 

 

A principios del siglo XX, el escritor y periodista norteamericano John Reed formuló una pregunta que resuena en nuestros días con una vigencia dolorosa: ¿por qué tenemos una economía en la que los pobres tienen que pagar para que los ricos no pierdan dinero?. El autor de 10 días que estremecieron al mundo poco podía imaginar que los sueños revolucionarios se disolverían como un terrón de azúcar y que su pregunta es la que algunos nos formulamos todavía a principios del siglo XXI. La quiebra del sistema crediticio norteamericano y de las grandes compañías inversoras nos devuelve de nuevo a la realidad que el keynesianismo enmascara. Los planes del gobierno estadounidense son aportar 700.000 millones de dólares del dinero público para rescatar a los grandes inversionistas. Es lo que algunos ya llaman socialismo para ricos.

 

Es curioso, los mismos que en épocas de vacas gordas despotrican contra el Estado y reivindican el laissez faire, laissez passer de Adam Smith, ahora lloran por las esquinas para que el Estado les salve del resultado de años de codicia, mala gestión y rapiña. Advierten que sino comenzarán los despidos y la crisis afectará con dureza a las clases populares. Da entre risa y mala hostia escuchar al presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, pidiendo un paréntesis en la economía de mercado. ¿Un paréntesis?. Cuando a los ricos no les va tan bien quieren un paréntesis en el capitalismo para que el Estado intervenga, cuando ganan dinero a expuertas quieren que el Estado desaparezca para que no pueda limitar sus robos. ¿Por qué no proponer un paréntesis en la economía de mercado para repartir la riqueza y que todo el mundo tenga las mismas oportunidades? ¿Alguien ha pensado lo que se podría hacer con 700.000 millones de dolares si se dirigiesen a paliar el hambre o a dar trabajo a todos los desempleados del país? (por poner un ejemplo, la ayuda que la ONU prometió a Äfrica, y que nunca desembolsó, es tan sólo la décima parte). ¿Alguien se ha preguntado de dónde van a sacar tantos millones si nunca tienen un poco de calderilla para mejorar las becas, para atender a los homeless, para mejorar las escuelas?. Lo dicho, sería de risa si no fuera porque en todo este asunto nos jugamos la supervivencia.

 

 

En las manifestaciones que se ven estos días en las puertas de Wall Street se repite un lema: socialismo para los ricos, liberalismo para los demás. Pero los ciudadanos se encuentran prisioneros de un juego maléfico y cruel, ese juego definido por Poundstone en el que las únicas opciones son apoyar la intervención o el caos. O lo que se conoce como el efecto mariposa, en el que un banquero de Nueva York deja de ganar 100 dólares y por eso un obrero metalúrgico de Bilbao pierde su puesto de trabajo y no puede alimentar a su familia.

 

Y mientras el sistema económico imperial se desmorona y Occidente comienza a poner sus barbas a remojar, en estos días, China lanza su primer satélite tripulado al espacio.

 

 

14/10/2008 15:44 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

Barcelona: apuntes biográficos.

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La Barcelona actual se halla sumida en la más abyecta autocomplacencia. Desde los años 90, a golpe de piqueta y derribos, la ciudad ha enterrado su pasado y se ha convertido en lo que hoy es: una ciudad de escaparate con ínfulas de modernidad. La Barcelona obrera, vanguardista, convulsa, luchadora y peligrosa del pasado, esa ciudad que una vez fue conocida con el nombre de La Rosa de Fuego, ha quedado escondida en la trastienda, a salvo de la mirada de los turistas. Para las autoridades parece que nunca existió otra ciudad más que ésta que sale en las postales; el único pasado reconocido y propagado es el modernismo, como fuente de atracción turística, y el noucentismo, como ideal de un conservadurismo civilizado. Apenas algunos nombres de calles, como la de Ángel Pestaña o El Noi del Sucre, hacen referencia a otra cosa. Por eso, la inauguración el jueves 24 de la exposición Barraques, la ciutat informal en el Museo de Historia de la Ciudad, parece una rara avis en esta ciudad adormecida.
Cuando mi tío Agustín llegó a Barcelona procedente de un pueblecito sevillano en la década de los 40, la ciudad era gris, triste, aplastada por la represión franquista. Junto con otros miles de emigrantes empujados por la pobreza de la posguerra en las zonas rurales, mi tio Agustín y luego otros miembros de mi familia, llegaron a la ciudad para formar parte de la  fuerza de trabajo que el capitalismo demandaba. Barcelona era desde principios del siglo XIX una de las zonas fabriles de la Península, un lugar donde había enrraizado una clase burguesa que impulsó la industrialización y las formas de explotación capitalista. En esa época nació también como respuesta a las duras condiciones de trabajo y las desigualdades sociales los embriones del movimiento obrero. En 1835 un movimiento ludista acaba quemando la fábrica Vapor Bonaplata, más tarde se crean las primeras asociaciones obreras y a medida que avanza la segunda mitad del XIX Barcelona es el escenario del nacimiento del anarquismo. Entre 1880 y principios del siglo XX, las asociaciones anarquistas impulsaron una campaña de violencia que se tradujo en numerosos atentados y enfrentamientos con los pistoleros de la patronal: las bombas del Liceo, el atentado contra Martínez Campos, el asesinato de Cánovas... Fue en esa época cuando a Barcelona se la conoce como La Rosa de Fuego. El primer cuarto del siglo XX estará también marcado por el influjo del anarquismo entre la clase obrera barcelonesa y por los sucesos de La Semana Trágica en 1909. El movimiento obrero quedará descabezado después de la Guerra Civil, pero la Barcelona obrera sobrevivió porque el capitalismo se encargó de despoblar los pueblos andaluces, gallegos, extremeños, ... para traerlos a la ciudad a servir de carnaza a la burguesía victoriosa. Y así llegó mi tío Agustín, a instalarse en una barraca del Campo de la Bota y a romperse la espalda descargando barcos en el puerto. De esa época datan también La Perona, Can Valero, Can Tunis, Guinardó, las cuevas del Carmel, asentamientos barraquistas en plena ciudad, años antes de que esa misma mano de obra fuera expulsada a las afueras y creara el área metropolitana.
Esta también es la memoria de Barcelona, y Barraques, la ciutat informal es en nuestros días una exposición incómoda para aquellos que tratan de esconder la ciudad para no asustar a los asistentes a los congresos y las ferias comerciales, que es lo único que parece importarles a nuestros autocomplacientes gobernantes.




Información adicional:
Barcelones. Manuel Vázquez Montalban.
Ed Empuries.

23/07/2008 11:14 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

El día que me vaya no se lo diré a nadie





El 2 de Febrero de 1994 la familia de Pedro Miguel Mérida Gallardo, natural de Baena (Córdoba) denunció su desaparición a la Guardia Civil. Aquella mañana, como tantas otras, Pedro Miguel había cogido su motocicleta para dirigirse al trabajo, un cortijo agrícola situado en Puente de Piedra. Allí se perdía su pista. Las fuerzas de seguridad encontraron su vehículo y su documentación, pero ni rastro del desaparecido. La familia comenzó una campaña a nivel nacional para tratar de encontrarle, pero fué en vano. En 2005, ante la falta de noticias, se iniciaron en los juzgados de Baena los trámites para declararle fallecido. El pasado sábado la Guardia Civil de Alcaudete, en la provincia de Jaén, detuvo por sorpresa a un hombre acusado de tenencia ilícita de armas y de decenas de robos y hurtos. Ese hombre no era otro que Pedro Miguel Mérida Gallardo.
Afeitado, limpio y en buen estado de salud, Pedro Miguel portaba una escopeta de cañones recortados cuando fue detenido, poniendo fin a más de 14 años sobreviviendo en la sierra jienense, al margen de cualquier contacto social. Parecía un excursionista, pero no lo era. Pedro Miguel Mérida abandonó con 36 años su vida tranquila y normal en el Jaén rural y desde entonces había vivido como un bandolero del siglo XIX, en una zona agreste entre Jaén y Córdoba que conocía muy bien, motivo por el cual logró huir de la Guardia Civil durante tantos años. Aliándose con la noche Pedro Miguel asaltaba cortijos y fincas, aunque nunca se llevó objetos de valor económico, si no comida. Vivió en cuevas y escondrijos de la sierra, donde se han econtrado alimentos, una televisión con batería y una radio, cientos de periódicos y algunas armas.
El juez le ha dejado en libertad con cargos, pero Pedro Miguel ha vuelto a huir. A día de hoy se vuelve a desconocer su paradero. "El último bandolero", como ya le han tildado los medios de comunicación, sigue libre en algún lugar de la sierra.

16/07/2008 16:14 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

Disparando con Onda



No estamos como decía Fukuyama en el final de la historia, la imposición del capitalismo como modelo socioeconómico a nivel global parece darle la razón, pero la historia no es algo que se detiene a placer. La historia no es sólo el pasado, sino el presente y, quizás, sólo quizás, también el futuro. Asimiladas y comercializadas las revueltas del siglo XX y aniquilada la perversión del socialismo real, el capitalismo posmoderno parece sumido en su mejor época. Hasta las izquierdas más o menos institucionalizadas de Occidente le acaban dando la razón y asumiendo el capitalismo como forma de entender la vida. Progreso, industrialización, nuevas tecnologías, ocio, ... vocablos que utilizan las izquierdas no ya para referirse al proceso de alienación al que los poderes económicos actuales someten a los ciudadanos, sino para referirse a sus propias propuestas políticas.
La vida, como escribía Debord, ha quedado reducida a una mera representación: “Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de la producción se presentan como una acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación". Es decir, que las condiciones de vida que impone el capitalismo (trabajo, especialización, ocio controlado, separación, consumismo) son el verdadero resorte a destruir. Para el situacionismo o el anarquismo de corte moderno, la consecución de una vida plena sólo es fáctible alejándonos de estas representaciones impuestas. Ese es el quid de la cuestión. En el siglo XXI la única revolución posible es la revolución de la vida.
Volvamos a los situacionistas , éstos ya calificaban las condiciones de vida de la sociedad capitalista como (no)vida. Los seres humanos sólo somos importantes en cuanto a productores-consumidores. Fuera de eso no hay ni una pizca de humanidad en el sistema. Estamos llegando también al momento histórico en que las sociedades capitalistas occidentales prácticamente no necesitan ya productores. Alegrémonos de que todavía necesiten alguien que compre ordenadores, relojes, coches, billetes de avión, televisores, etc, porque si no a buen seguro nos pasaría como a los galgos que ya no pueden ganar en el canódromo. Así que llegados a este punto es necesario alejarse del modelo de (no)vida, de la "catástrofe cotidiana" a la que nos somete el sistema. Para el capitalismo somos recursos humanos, meras correas de transmisión por donde transitan intereses que a penas llegámos a comprender. En Europa occidental, el Estado, después de décadas de lucha obrera, se ha encargado de protegernos frente a algunos de los desmanes de la economía a la que también defiende. Pero poco a poco ese Estado del bienestar surgido de las cenizas de las guerras mundiales y del peligro de la revolución obrera va llegando a su fin. Ya no hay peligro de revoluciones obreras. Ya no hay tampoco caretas, ni disimulos. Es el momento quizás de poner en marcha la revolución de la vida, no sólo para llevarle la contraria a Fukuyama, si no para poner palos en las ruedas del sistema y poder soñar con tener una vida plena.

16/07/2008 13:41 Autor: ontheroad6. I am still on the road. Hay 1 comentario.

CUADERNO DE VIAJE: TARDE DE VIERNES EN EL DARGAH

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Es noviembre de 2007 y hemos quedado con Shahid, nuestro conductor durante las dos primeras semanas en la India, para que nos conduzca hasta Pushkar, un pueblecito situado en el corazón del Rajastan. A primera hora de la mañana salimos de Udaipur para recorrer más de 300 kilómetros hacia el nordeste. Hace un par de días que ha comenzado la fiesta del Diwali, una de las celebraciones hindús más importantes, la que conmemora el regreso del dios Rama a su reino tras derrotar al terrible demonio Ravana. Las cinco horas en la carretera se me hacen monótonas, cruzamos una y otra vez los mismos pueblos de casas y comercios abiertos a la calle, y el paisaje es yermo, plano, estepario. Shahid parece pensativo, extraviado, y nos contagia de una melancolía silenciosa y apática. Cuando el paisaje cambia y comienzan a dibujarse las mágicas colinas puntiagudas del Nag Pahar (el monte de la Serpiente) adivinamos que ya estamos cerca. Pushkar es un pueblecito levantado alrededor de un lago que según cuenta la leyenda surgió de una flor de loto que dejó caer Brahma. Aquí, en la India, todo está intimamente ligado a lo sobrenatural, a la religión, a las creencias. Con más de 400 templos, este pueblo de apenas 15.000 habitantes, es uno de los centros de peregrinación hindú más importantes. Las carreteras que llevan allí están salpicadas de sadhus harapientos y descalzos que caminan por las cunetas, En sus calles hay todo un ejército de santones que duermen bajo los árboles o en los porches de las casas. En todo el pueblo hay un ambiente entre místico y extraño, una mezcla rara entre modernidad y religión, que se traduce en que en Pushkar está por ejemplo prohibido el consumo de carne pero a la vez es también famoso por su liberalismo en cuanto al consumo de psicotrópicos. Estamos emocionados de entrar en el mítico Pushkar, y mucho más por hacerlo en el día grande del Diwali, pero antes, a tan sólo 11 km de nuestro destino, vamos a tener una de las experiencias más intensas del viaje. De camino a uno de los corazones del hinduísmo nos vamos a topar de frente con otra de las grandes religiones de este país. Antes de Pushkar la carretera cruza la ciudad de Ajmer, una bulliciosa villa de casi 500.000 almas. Shaid, que es de religión musulmana, nos informa de que en la ciudad se halla el mausoleo del santo sufí Kwaja Muin al Din Chisti, el Dargah, uno de los centros islámicos más importantes de toda la India. Es la primera vez que abre la boca en todo el viaje. Nos comenta que a pesar de haber estado en Ajmer cientos de veces llevando a extranjeros hacia Pushkar, nunca ha entrado en el Dargah, y que le gustaría hacerlo alguna vez. Le decimos que pare y que vayamos. Hemos leido y nos hemos informado sobre lo que nos vamos a encontrar en Pushkar, aunque luego, como siempre, sobre el terreno todo sea diferente. Pero nada sabemos sobre el sitio al que nos dirijimos. Shaid conduce el Tata entre la multitud, la mayoría de ellos atavíados a la manera musulmana. Dejamos el coche en un parquing, Shahid se muestra intranquilo y caminamos tras él a través del gentío, es media tarde de un viernes, día sagrado para musulmanes. Las calles adyacentes al mausoleo son un hervidero de gente, de ruido, de puestos callejeros que venden golosinas, libros religiosos, pañuelos y gorros, flores, ofrendas, de mendigos y niños amputados por la lepra. Estoy a punto de pisar a un hombre con las piernas y los brazos retorcidos que se arrastra por el suelo. Cuando logramos llegar a la puerta del Dargah nos descalzamos y dejamos las sandalias junto a una montaña de zapatillas de todas clases. Pero la policía india, de malos modos, como siempre, nos impide entrar al interior con nuestras mochilas a la espalda. Así que nos vemos obligados a seguir de nuevo a Shaid, andando descalzos sobre las baldosas negras de la calle, de nuevo entre la multitud, sabiendo que si nos hacemos una herida en los pies en aquel momento podemos rezar para que las vacunas hagan efecto. Logramos dejar la mochila en una consigna cercana. Volvemos a la puerta de entrada al mausoleo, pasamos el detector de metales, llévamos la cabeza cubierta, así que estamos dentro.
Kwaja Muin al Din Chisti fué un santo sufí que llegó a este lugar desde Persia en 1192. El segundo emperador mogol, Humayun, fué el que finalizó el mausoleo, si bien ha habido añadidos posteriores. En el interior también hay muchísima gente, aunque todo es más recogido. Cruzamos un patio donde unos hombres cocinan gachas para los más pobres en unos enormes calderos de hierro. El ámbiente es mágico e intimidante. Entramos en el patio donde está el sepulcro del santo, Shaid nos ordena que nos sentemos en el suelo junto a los demás, mientras él se agolpa en la entrada del sepulcro para ofrecer las ofrendas que ha comprado. Nos percatamos entonces de que estamos solos, que somos los únicos extranjeros y que no tenemos ni idea de lo que hace toda esta gente. Tratamos de no llamar la atención. Nadie nos hace mucho caso a pesar de la curiosidad infinita de los indios. De repente todo el mundo se pone en pie, nos ponemos también en pie, por los altavoces comienza a tronar el canto del qawwali, la gente entona cánticos siguiendo todo un ritual de gestos. Me emociono por la energía del lugar, se me humedecen los ojos sin saber por qué. Shaid viene entonces en nuestra búsqueda, tiene los ojos enrojecidos y el gesto emocionado. Salimos del Dargah, la tarde cae deprisa y la noche nos alcanza ya en la calle, que sigue a rebosar de gente. Casi no hablamos, estamos extrañamente impactados, caminamos como autómatas, mi cabeza le da vueltas a miles de cosas, aquel lugar tiene la energía mágica que los humanos damos a nuestras creencias. El Dargah, el mausoleo de Ajmer, es realmente un lugar sobrenatural.

08/07/2008 01:59 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

CUADERNO DE VIAJE: LA FRONTERA ORIENTAL

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En Hassi Labied, pueblecito de casas de adobe asomado a las dunas del Erg Chebí, el tiempo parece detenido en otra realidad. Estamos 5 kms al norte de Merzouga, un lugar perdido en el mapa que, sin embargo, vive hoy en día del numeroso turismo que atrae su cercanía al desierto del Sáhara. Más allá sólo hay arena y la frontera con Argelia.
Es curioso, pero esta frontera, la que separa Marruecos de Argelia, es la frontera cerrada más larga del mundo. 1500 kms, algunos de ellos en litigio entre ambos paises, cerrados a cal y canto desde que en 1994 tres argelinos afincados en Francia perpetraron un ataque terrorista contra el hotel Atlas-Asni de Marrackech en el que murieron dos turistas españoles. A pesar de esto los litigios fronterizos fueron constantes desde que en 1964 Argelia accedió a la independencia. Pero el último cierre es el más largo de la historia y esta frontera una de las más infranqueables del mundo.
Marruecos y Argelia tienen muchas cosas en común, pero llevan mirándose como enemigos casi desde el principio. En los 70 se enfrentaron por la cuestión saharaui (no hay que olvidar que la mayoría de campos de refugiados saharauis se encuentran en suelo argelino) y en los 90 por la situación de guerra civil que vivió Argelia con el auge del islamismo. Como todas las fronteras cerradas ésta no sólo separa a dos paises herrmanos, sino a miles de familias, obligadas a vivir con la separación, y hunde la economía en una región ya de por si pobre.
Al sur de Merzouga la linea fronteriza recorre impresionantes paisajes donde el viento juega con la arena y las dunas se tiñen de rojo al atardecer. Mucho más al sur, en Tinduf, donde comienza el territorio del antiguo Sáhara Occidental, ambos paises acumulan al grueso de sus ejércitos, que se miran frente a frente en las arenas del desierto. Desde Merzouga hacia el norte, Marruecos y Argelia se codean con desconfianza, pero se codean al fin y al cabo.
En Hassi Labied decidimos alquilar un taxi, uno de esos viejos Mercedes, para que nos lleve hasta Figuig, 500 kms al norte. Tomamos la nueva carretera asfaltada que nos conduce hasta Rissani, donde nos despedimos de Rachid y Akur, nuestros anfitriones. Akur tiene veintitantos años, una miopía bastante extrema y una sonrisa franca y contagiosa, aunque mellada y de dientes negros. Antes de salir de Rissani, Akur nos hace un último favor y nos consigue 10 gramos de oloroso hachís. Nos despedimos de ellos con pena y les prometemos volver. Después el viejo Mercedes enfila hacia Erfoud.  A partir de Erfoud la carretera, estrecha y la mayor parte del tiempo recta hasta el horizonte, cruza un desierto pedregoso donde de vez en cuando se alza una montaña surgida de la nada. Dentro del taxi nosotros nos dedicamos a fumar hachís, menos cuando el taxista nos avisa de la presencia de algún control policial  y a mirar el paisaje. Durante cinco horas recorremos una tierra hostil pero sublime, me sumo en mis pensamientos, que sólo son rotos por las pocas muestras de humanidad que vemos en el camino: normalmente mujeres que pastorean cabras en las cunetas de la carretera. Entramos en el pueblo de Bouarfa después de bastantes horas sin encontrar nada en el camino. Repostamos y seguimos el camino entre impresionantes montañas que dejan paso a valles pedregosos donde la luz cobra un sentido irreal. A pocos kilómetros de nuestro destino un último control policial. En medio de la carretera que cruza este desierto de piedra se divisa una garita pequeña donde dos agentes de la gendarmería marroquí hacen guardia en mitad de la nada. Nos detenemos y nos hacen salir del vehículo, les entregamos los pasaportes y comienzan a rellenar unas toscas fichas hechas a mano. El aire es helado y a nuestro alrededor solo hay piedras y unos perros semiabandonados con los que nos entretenemos jugando. Hace tanto frio que fumamos con fuerza, casi como si el humo pudiera calentar o protegernos del aire afilado. Los gendarmes, como casi todo en este país, no son precisamente rápidos. Nos hacen algunas preguntas: ¿hasta cuando nos pensamos quedar en Figuig? ¿qué vamos a hacer allí?, ese tipo de preguntas que suele hacer la policía en todos los lugares del mundo. Al final nos desean suerte y seguimos nuestro camino.
Figuig es un oasis en medio del páramo. 200.000 palmeras datileras regadas por pozos artesianos. Siete comunidades o ksars (asentamientos fortificados) de color ocre que antiguamente se disputaban el control del palmeral y los accesos al agua. Figuig se encuentra fuera de los circuitos turísticos, y es un pueblo tranquilo de gente amable y pacífica. Pero no siempre fué así, hasta 1995 era el segundo paso fronterizo más importante de Marruecos después de Oujda, y lugar de paso de los peregrinos que viajaban a La Meca. Hoy en día, sólo dispone de dos hoteles, uno de ellos bastante decadente, a pesar de que el pueblo bien merece una visita. El segundo día alquilamos una bicicleta y recorremos los escasos dos kilómetros que lo separan de la frontera cerrada. El asfalto se encuentra en mal estado. El único gendarme marroquí que nos sale al paso es un tipo simpático, no nos deja hacer fotos a los puestos de control abandonados ni a las barreras, pero sonriendo nos señala hacia Argelia y nos comenta que de momento allí no tienen problemas con los vecinos del este. Sin embargo, el cierre de la frontera ha privado a Figuig del grueso de su palmeral, que ha quedado en territorio argelino. Los que tienen familia al otro lado consiguen que sus parientes se ocupen de las palmeras, los que no, asisten impotentes a su deterioro. La economía local hace tiempo que está en crisis y la emigración va vaciando poco a poco este pueblo peculiar. Sólo las divisas que los emigrantes envían desde Europa mantiene a Figuig con vida. Al otro lado Beni Ounif, el primer pueblo argelino.
Salimos al amanecer de Figuig en un autocar de la CTM, rumbo al norte, siguiendo la linea fronteriza, hasta Oujda, la ciudad más grande del Marruecos oriental, ya a tan solo 60 Kms del Mediterráneo. Oujda es una ciudad en expansión, relativamente moderna, que lleva varios años intentando olvidarse de Argelia y de que alguna vez la ciudad le debía toda su prosperidad a ser el paso fronterizo más importante del país. Sin embargo, las huellas de la decadencia económica que supuso el cierre de la frontera son todavía visibles: hoteles destartalados, cafés abandonados, ...  En el puesto fronterizo, donde se llega a través de una calzada llena de obstáculos y barreras, la policía marroquí monta guardia con desgana. Por supuesto, no se pueden hacer fotos.
Como toda frontera que se precie, en los alrededores de Oujda se practica el contrabando, sobretodo de combustible, en coches que llegan a transportar hasta 1500 litros, y que de una forma suicida se juegan la vida transportando desde Argelia combustible para el mercado marroquí. Junto con el combustible, el tráfico de drogas y la inmigración ilegal son otros de los negocios que afloran en la frontera. En los alrededores de Oujda florecen los asentamientos de subsaharianos que tienen como meta cruzar a Europa.
Ya no seguimos más al norte, en la estación de trenes de Oujda, moderna y funcional, compramos un billete para Fez.
En los últimos años Mohamed VI, el rey de Marruecos, ha hecho gestos apaciguadores hacia Argelia. De hecho, desde 2005, se han suprimido los visados para marroquíes y argelinos que pretenden viajar al país vecino, pero la reapertura de la frontera es un tema más complicado. Argelia supedita este tema a la solución del conflicto saharaui. Mientras tanto, para viajar desde, por ejemplo, Aghbal (Marruecos) hasta Nedroma (Argelia) que distan sólo 40 kms y donde viven familias separadas, un marroquí debería ir a Oujda, desde allí a Casablanca y luego volar a Orán y recorrer por carretera 200 kms hasta Nedroma.
Una realidad que está a pocos kilómetros de la Península, al otro lado del Estrecho.

28/05/2008 12:09 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

ABOLIENDO EL FUTURO: UNABOMBER FOR PRESIDENT

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En los años 80 y 90 había una pintada que aparecía periódicamente en muchos muros de ciudades y universidades estadounidenses. Siempre había algún encargado de la limpieza que la borraba, pero siempre había alguien que amparándose en la oscuridad volvía a realizarla. "Unabomber for President" decía la pintada. ¿Pero quién era Unabomber?. Durante dos décadas el FBI le tuvo en el número 1 de los más buscados, se llegaron a ofrecer un millón de dolares por su cabeza y se llegó a dudar si era un grupo o una persona, si era un loco o un revolucionario. En 1995 Unabomber, que habla como si fuera una organización, logra que The Whasington Post y The New York Times publiquen bajo coacción un manifiesto titulado "La sociedad industrial y su futuro". La policía espera que algún fragmento del texto o su estilo le delaten, que alguien le reconozca. Y así es. Su hermano, que lee el manifiesto en la prensa, comienza a ver semejanzas entre las ideas que se exponen allí y las cartas que el hermano ha enviado en los últimos años a su madre. Suena el teléfono en alguna oficina del FBI. "Este es nuestro hombre" dicen los agentes federales al ministro de Justicia. En abril de 1996 el FBI detiene en una cabaña recóndita situada en una zona agreste de la Cordillera de Montana a Theodore Kaczynski.

"La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la humanidad. Ha aumentado la esperanza de vida de aquellos que viven en sociedades avanzadas, pero desestabilizó a la par la sociedad, esclavizando a los hombres con humillaciones que han conducido a un general sufrimiento psicológico (que en el Tercer Mundo es a la vez sufrimiento físico) causando severos daños a la Naturaleza".
Theodore Kaczynski nace en 1942 en Chicago, en una familia de origen polaco. Se graduó en Matemáticas en la prestigiosa universidad de Harvard y llegó a trabajar como profesor en la Universidad de Berkeley. En 1969 renuncia a su trabajo y huye de la sociedad instalándose en una cabaña sin agua ni electricidad en las montañas de Montana, donde cobra sentido dentro de su cerebro la idea de que el progreso tecnológico es el culpable de los males a los que está abocada la humanidad. "Abogo por una revolución contra el sistema industrial -escribe en una carta a su madre- No se trata en ningún modo de una revolución de carácter político pues su objetivo no es derrocar gobiernos sino sistemas económicos y poderes tecnológicos convertidos en la médula de esta sociedad". Una mañana de 1978 Kaczynski despertó y ya no le bastaba el susurro del viento entre los árboles, ni los libros de matemáticas, decidió comenzar esa revolución de la que hablaba. Y la revolución cobró vida en forma de paquete bomba.
El primer paquete bomba le amputó dos dedos a un guarda de seguridad de la Universidad de North-Western. Había nacido Unabomber. Según Sartre hay diferencias entre un hombre en guerra y un miserable. ¿Luchaba Unabomber contra la sociedad o contra sí mismo?. Un hombre en guerra vive en sociedad, posee sus mitos y tiene esperanza, considera digna su lucha y es un exceso de cordura el que le ha llevado a su guerra. Un miserable era para Sartre un solitario sin mitos, sin esperanza, que no concede nobleza a sus actos y que ha llegado a su situación arrastrado por la locura. ¿Es Kaczynski un hombre demasiado cuerdo o un loco? ¿Es un hombre en guerra o un miserable?.

"Es imposible -dice Kaczynski- que conservemos la esperanza de que pueda reformarse el sistema actual, reconciliando la libertad humana con la tecnología. La única posibilidad es prescindir completamente del sistema tecnológico-industrial". Unabomber tenía claro quienes eran sus enemigos y comenzó a sembrar de cartas bombas el país: fabricantes de computadoras, líneas aéreas, pensadores neoliberales, televisiones, ... En Noviembre del 78 una bomba estalla en un Boeing 727 de American Airlines obligándole a hacer un aterrizaje de emergencia. La policía de todo el país ya anda tras sus pasos. En los muros hay gente escribiendo "Unabomber for President".

Y así durante un montón de años: en 1980 una carta bomba contra el presidente de United Airlines, en el 81 otro atentado contra un aula de la Universidad de Utah, al año siguiente hiere a la secretaria de la Universidad de Nashville y a un profesor de informática de Berkeley, otro estudiante de Berkeley, la Boeing Company, una tienda de ordenadores de Michigan en 1985 y otra en Salk Lake City en el 87, y suma y sigue, un doctor en genética de San Francisco, un ejecutivo publicitario, ... Durante 18 años Unabomber logra poner en jaque al FBI pero tambén ve que, en contra de algunos de sus pronósticos, la revolución que él puso en marcha mediante la acción directa no ha dado los frutos esperados. En una carta al Whasington Post y al New York Times Unabomber comunica su decisión de abandonar la lucha armada si algunos medios de comunicación difunden un manifiesto. El 19 de septiembre de 1995 The Whasington Post publica "La sociedad industrial y su futuro". Kaczynski vuelve de momento a sus bosques.

Y luego la historia ya está contada. Su hermano David pone en alerta al FBI sobre la identidad y paradero de Theodore. Cuando la policía llega a la cabaña de Montana encuentran material suficiente para fabricar varias bombas. Comprueban que Theodore Kaczynski no es otro ermitaño en guerra contra el mundo de los que pueblan las zonas recónditas de Norteamérica, sino el propio Unabomber. En 1998 se le condena a cadena perpetua por su responsabilidad en los 3 muertos y 23 heridos que habían causado sus atentados explosivos. Mientras, comenzamos a leer "La sociedad industrial y su futuro": "La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana...".
¿Unabomber for President?.





Enlace a La Sociedad Industrial y su Futuro, por Theodore Kaczynski.

http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/unabomber.html

19/05/2008 15:58 Autor: ontheroad6. I am still on the road. Hay 2 comentarios.

Zerzan versus Tyler Durden

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"Todo lo que posees acabará poseyéndote".

"No sois vuestra cuenta corriente. No sois el coche que tenéis, ni el contenido de vuestra cartera. No sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo".



A raiz de éstas y algunas frases más de Fight Club, la película de David Fincher (1999) basada en la novela homónima de Chuck Palaniuk, me ha venido a la mente el año de estreno de la película y un nombre:
1999, el año de estreno de la película de Fincher, fue también la fecha de los disturbios que se organizaron contra la Organización Mundial del Comercio en Seattle. El germen de un movimiento más amplio que tuvo ecos en Barcelona o Génova y que hoy en día viene a llamarse algo así como movimiento antiglobalización. En aquellos días se hicieron también famosos los Black Bloc, los grupos vinculados al anarquismo de acción directa. Y con ellos un nombre:
El nombre es John Zerzan. Nacido en 1943 en Oregón, de padres checos, Zerzan es un filósofo y pensador estadounidense de ideología anarco-primitivista al que se acusó de estar detrás de los radicales de Seattle. Parte de la prensa le acusó aquellos días no sólo de ser el instigador de los Black Bloc, sino también de haber planeado todo lo que sucedió en la ciudad norteamericana aquel mes de noviembre. La historia es bien sabida: más de 100.000 personas mantuvieron en jaque a la policía durante varios días e hicieron fracasar la Ronda del Milenio de la OMC. Surgía una nueva forma de entender las relaciones sociales al margen de la que el capitalismo imponía. Una amalgama ideológica que se resumía en la confrontación contra un sistema que convierte a los ciudadanos en meros consumidores o que hace que los intereses de las grandes compañías estén por encima de la sostenibilidad ambiental y humana. ¿Les suena esto a los que han visto Fight Club? Dijo Zerzan de la película que era el ejemplo de una nueva conciencia contracultural, y es que los postulados del film, a pesar de ser algo confusos ideológicamente, anticipan lo que iba a pasar en Seattle. Hasta parece verse la mano del propio Zerzan, que lleva años teorizando contra la civilización, que él entiende como una alienación del individuo. Así, el ser humano sólo puede alcanzar la felicidad y la justicia renunciando a todo lo material, a toda la tecnología que nos convierte en esclavos del sistema, huyendo de las ciudades, que son monstruos sin futuro, denunciando la división del trabajo que nos convierte en piezas del engranaje. Sigue diciendo Zerzan que hay que volver a un tipo de sociedad primitivista y destruir todo lo que nos ata a la civilización. La domesticación del ser humano y de todo lo que le rodea es un problema, porque se traduce en dominio, en posesión; dominio sobre la naturaleza, dominio sobre otros seres humanos. La maldad del sistema es hacernos poseedores de objetos más allá de lo necesario para vivir.
Hay en todo este nihilismo ácrata de Zerzan una conexión evidente con el film de Fincher, así como de ambos con la conciencia de los movimientos antiglobalización de carácter antisistema. "La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos (...) y estamos muy, muy cabreados", dice el personaje de Tyler Durden en la película, como si fuera la síntesis que condujo a Zerzan y los suyos a hacerse con las calles de Seattle en aquel lejano ya 1999. La misma conexión que llevó al filósofo norteamericano a la carcel para entrevistarse con Theodore Kacynski, Unabomber, el matemático terrorista anacoreta que se dedicaba en sus ratos libres a enviar paquetes explosivos en protesta contra la tecnología y la sociedad. Pero éste, por sí solo, merece un capítulo a parte.

Para interesados en las ideas de John Zerzan:

http://www.lisergia.net/quebelloesvivir/pensamientograve/Zerzan.html

22/04/2008 13:52 Autor: ontheroad6. I am still on the road. No hay comentarios. Comentar.

Cosas que me provocan



Algunos me llaman quisquilloso,o sea se, que me molestan cosas nimias, quizás absurdas. Que siempre estoy pendiente de los detalles más superfluos y que carecen de importancia. No se. Quizás. Todo esto viene al caso de un episodio que me pasó ayer. Eran más o menos las siete de la tarde. Mi amiga Sonia y yo estábamos tranquilamente tomando una caña sentados en una terraza de la Plaza de la Vila. De repente, sin hacer mucho ruido, se concentró frente a la fachada del ayuntamiento una treintena de personas, padres de familia con niños. Llevaban una pancarta, llegaron a gritar algo. Vaya, que estaba demasiado enfrascado en mi conversación para prestarles atención. Al otro lado de la calle, custodiando la puerta del ayuntamiento aparecieron 5 o 6 policías municipales y 3 Mossos d’Escuadra, dos chicos y una chica. No parecía que fuera a desatarse allí mismo la revolución, la verdad. Dos de los Mossos, con las manos cruzadas detrás de la espalda y frente a la concentración, mascaban chicle. Me fijé bién. Si, si. Mascaban chicle con amplios movimientos de mandíbula.
Fíjate, fíjate, le dije a mi amiga Sonia, fijate en los mossos mascando chicle.
¿Y qué?.
Joder, no lo ves, están de servicio, no deberían estar mascando chicle como si fueran unos chulos de discoteca.
No se. Desconozco si hay una normativa que les impida mascar chicle, como la hay en otros trabajos, pero si no existe debería implantarse. Hace un par de meses el debate sobre las normas de comportamiento que debe respetar un representante del orden saltó a los medios de comunicación franceses. El presidente galo, si, ese, el marido de Carla Bruni, comunicó a los mandos policiales que a partir de ahora no se podía tutear a los ciudadanos, ni sacar el brazo por la ventanilla del coche patrulla mientras se conducía, ni mostrar ningún tipo de actitud provocativa. No se si dijo algo sobre mascar chicle, pero supongo que si, no hay nada más provocador que un policía mascando efusivamente un chicle con pose chulesca. Aunque no ponga pose chulesca el chicle ya te la da. Como una máscara. ¿Soy el único que lo ve asi? ¿Seré demasiado quisquilloso? No lo se, pero la próxima vez que vea a un poli mascando chicle me pienso enterar de si lo pueden hacer o no. Y tanto si lo pueden hacer como si no voy a armar una gorda. Porque si. Por provocarme..

18/04/2008 16:25 Autor: ontheroad6. I am still on the road. Hay 1 comentario.


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