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La Vida en las Ventanas

La Vida en las Ventanas

Me encantan las ventanas. Pasear y mirar las ventanas. Sobretodo cuando anochece. Entonces todas las ventanas de la ciudad parecen esconder historias. Y yo imagino siempre vidas más interesantes que la mía, a lo mejor más sosegadas, quizás más divertidas. Y me encanta la arquitectura de las ventanas, ese abertura que comunica lo interior y lo exterior, lo privado y lo público. Como en los cuadros de Edward Hopper, esos lugares con ventanas en los que la visión exterior puede captar por un momento fugaz una escena interior, para provocarte la misma sensación que las ventanas de la ciudad cuando anochece, esa sensación de soledad y aislamiento, de melancolía, y también permitirte a la vez captar una historia profunda que cobra vida en tu cerebro. En Hopper no son sólo ventanas de edificios o casas, son también las vidrieras de los bares, los hoteles, las estaciones, ...
Como en las obras de Hopper esas personas que vislumbramos a traves de las cortinas, o sentadas en los bares, o a través de la ventanita con la luz fría de un tren que pasa rápido por el paso a nivel son como enigmas que nunca llegaremos a desentrañar. No sabemos de dónde vienen ni a dónde van, pero durante un momento observamos un fotograma de sus vidas, y esa distancia les dota de un áurea que siempre les hará más interesantes que nosotros mismos. Como Hitchcock con La ventana indiscreta, hay un cierto placer en contemplar la vida de los otros. Hay un cierto placer poético en las ventanas.

en estos días de junio suelo pasar largos ratos observando las ventanas de los vecinos (...) desde aquí, observados con paciencia, los detalles más triviales se vuelven un misterio irrepetible, una amenaza. Por supuesto procuro, como correponde, sorprender a las vecinas mientras se desvisten, detectar una espalda o un hombro furtivo saliendo de la ducha, o atrapar algún segundo de lujuria antes de que alguien se acuerde de correr las cortinas. Pero, sobre todo, no pierdo la esperanza de presenciar algún día una escena prohibida, un secreto terrible: un crimen, por ejemplo.
La vida en las ventanas. Andrés Neuman.

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