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Barcelona: apuntes biográficos.

Barcelona: apuntes biográficos.


La Barcelona actual se halla sumida en la más abyecta autocomplacencia. Desde los años 90, a golpe de piqueta y derribos, la ciudad ha enterrado su pasado y se ha convertido en lo que hoy es: una ciudad de escaparate con ínfulas de modernidad. La Barcelona obrera, vanguardista, convulsa, luchadora y peligrosa del pasado, esa ciudad que una vez fue conocida con el nombre de La Rosa de Fuego, ha quedado escondida en la trastienda, a salvo de la mirada de los turistas. Para las autoridades parece que nunca existió otra ciudad más que ésta que sale en las postales; el único pasado reconocido y propagado es el modernismo, como fuente de atracción turística, y el noucentismo, como ideal de un conservadurismo civilizado. Apenas algunos nombres de calles, como la de Ángel Pestaña o El Noi del Sucre, hacen referencia a otra cosa. Por eso, la inauguración el jueves 24 de la exposición Barraques, la ciutat informal en el Museo de Historia de la Ciudad, parece una rara avis en esta ciudad adormecida.
Cuando mi tío Agustín llegó a Barcelona procedente de un pueblecito sevillano en la década de los 40, la ciudad era gris, triste, aplastada por la represión franquista. Junto con otros miles de emigrantes empujados por la pobreza de la posguerra en las zonas rurales, mi tio Agustín y luego otros miembros de mi familia, llegaron a la ciudad para formar parte de la  fuerza de trabajo que el capitalismo demandaba. Barcelona era desde principios del siglo XIX una de las zonas fabriles de la Península, un lugar donde había enrraizado una clase burguesa que impulsó la industrialización y las formas de explotación capitalista. En esa época nació también como respuesta a las duras condiciones de trabajo y las desigualdades sociales los embriones del movimiento obrero. En 1835 un movimiento ludista acaba quemando la fábrica Vapor Bonaplata, más tarde se crean las primeras asociaciones obreras y a medida que avanza la segunda mitad del XIX Barcelona es el escenario del nacimiento del anarquismo. Entre 1880 y principios del siglo XX, las asociaciones anarquistas impulsaron una campaña de violencia que se tradujo en numerosos atentados y enfrentamientos con los pistoleros de la patronal: las bombas del Liceo, el atentado contra Martínez Campos, el asesinato de Cánovas... Fue en esa época cuando a Barcelona se la conoce como La Rosa de Fuego. El primer cuarto del siglo XX estará también marcado por el influjo del anarquismo entre la clase obrera barcelonesa y por los sucesos de La Semana Trágica en 1909. El movimiento obrero quedará descabezado después de la Guerra Civil, pero la Barcelona obrera sobrevivió porque el capitalismo se encargó de despoblar los pueblos andaluces, gallegos, extremeños, ... para traerlos a la ciudad a servir de carnaza a la burguesía victoriosa. Y así llegó mi tío Agustín, a instalarse en una barraca del Campo de la Bota y a romperse la espalda descargando barcos en el puerto. De esa época datan también La Perona, Can Valero, Can Tunis, Guinardó, las cuevas del Carmel, asentamientos barraquistas en plena ciudad, años antes de que esa misma mano de obra fuera expulsada a las afueras y creara el área metropolitana.
Esta también es la memoria de Barcelona, y Barraques, la ciutat informal es en nuestros días una exposición incómoda para aquellos que tratan de esconder la ciudad para no asustar a los asistentes a los congresos y las ferias comerciales, que es lo único que parece importarles a nuestros autocomplacientes gobernantes.




Información adicional:
Barcelones. Manuel Vázquez Montalban.
Ed Empuries.

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